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lunes, 12 de marzo de 2007
Coraza
El miedo y la inseguridad
Primero, ¿qué es el miedo? ¿A qué le podemos tener miedo? El miedo, para mí, es una situación de desconfianza. Y desconfianza no sólo en otras personas o situaciones externas, sino también la desconfianza que podemos tener hacia nosotros mismos. Desconfianza a nuestras capacidades, a nuestros dones, a nuestras cualidades… desconfianza a nuestra dignidad, desconfianza a nuestro ser.
Ahora bien, también podemos preguntarnos: ¿qué es la desconfianza? La desconfianza es el creer/saber que no podemos frente a una situación que se nos presenta, amenazadora. Y así, ligando ideas, podemos decir que el miedo empieza por el no poder controlar situaciones EXTERNAS. Y al no poder hacerlo, nos entra un sentimiento de repele hacia dicha circunstancia, lo cual nos hace evitarla en un futuro, a toda costa.
El problema viene cuando tendemos a generalizar el asunto. Realmente, el no poderle haber hecho frente a esa situación… ¿proviene de nuestras naturales incapacidades o de la naturaleza misma del hecho? Esta diferencia es sumamente importante, porque al distinguir la naturaleza del conflicto podremos ver a quien atribuirle la culpa del miedo.
Así es como yo veo el problema: no le podemos hacer frente a un asunto; luego, nos provoca miedo volverlo a enfrentar; el miedo es la desconfianza; esa desconfianza empieza hacia el mismo hecho (que se nos presenta como un terrible monstruo); después, esa desconfianza se vuelve repudio hacia la situación; por último, ese repudio se transforma en un sufrimiento constante.
Quisiera retomar una frase que emplea el excelentísimo maestro Yoda para así poder seguir con mi explicación. “Fear leads to anger, anger leads to hate, hate…leads to suffering.” Con este preámbulo podré expresar mi concepción sobre la doble dimensión del miedo.
Esta triada (miedo, odio, sufrimiento) no es sólo en cuanto a los hechos. Lo terrible del caso es que también se nos puede aplicar a nosotros. El tenerle aversión a una situación que nos provocó miedo acaba mellando también nuestra personalidad. Al sentirnos incapaces de enfrentar un problema por el miedo que nos causa, empezamos a sentir miedo hacia nosotros mismos; miedo entendido como desconfianza. Y como todo, esto no es un proceso inmediato, sino que es paulatino y la mayoría de las veces (hasta que ya es muy tarde) imperceptible.
Esta desconfianza se torna en una profunda inseguridad. ¿Por qué? Porque nos acabamos echando inconscientemente la culpa del problema, no porque nosotros seamos la causa (a veces sí), sino porque no fuimos lo suficientemente “buenos” como para resolverlo. Así, el miedo/odio/sufrimiento que teníamos por el problema, se convierte en un miedo/odio/sufrimiento hacia nosotros mismos.
Empezamos a perder nuestra confianza en nuestras capacidades. Luego nos sugestionamos y nos hacemos creer a nosotros mismos que carecemos de las mismas, razón por la cual no pudimos resolver el problema. Al sugestionarnos acabamos anulando nuestra posibilidad de actuar y hacemos crecer esa desconfianza, pues al creer que no contamos con las capacidades no vamos a poder resolver o enfrentar la situación si se nos llega a presentar de nuevo. Esa desconfianza hacia nosotros mismos nos hace caer en una desesperación que muchas veces nos lleva a odiar esa parte nuestra que no pudo con la contrariedad. Posteriormente ese odio se generaliza, y no solo anulamos las cualidades que no ejercimos ante el dichoso asunto, sino que acabamos amordazando a las demás. Aclaración: dichas cualidades NO desaparecen, sino que las encerramos en una prisión de máxima seguridad, que se acaba convirtiendo a prueba de nosotros mismos. Por último, ese odio que sentimos hacia nosotros nos lleva a una terrible espiral de sufrimiento que, al ser lo más profundo del problema, es lo más difícil de resolver.
Ya que caímos en dicho sufrimiento, emprender el camino de regreso es sumamente difícil, pues todas las capacidades que podíamos haber usado para cumplir dicha meta están encerradas y censuradas en nosotros mismos. No soy psicólogo ni se completamente como salir del problema, pero lo que sí se es que es mejor evitar el problema que solucionarlo (en este caso).
No somos dioses. Somos seres imperfectos con derecho de sentir miedo; que no siempre podemos hacer frente a una situación, que muchas veces la situación nos sobrepasa. Pero lo que si podemos hacer es no dejarnos envolver por el problema. Tenemos que ser objetivos. Sí, se que es difícil, pero no imposible. Si fuera imposible ya todos estaríamos con un pedazo de plomo en la cabeza, o colgando cual títeres de nuestras lámparas.
Hay que ser racionales; enaltecer la cualidad que nos hace ser humanos y seres únicos en la Creación. Debemos tener confianza en nosotros mismos. No debemos dejarnos arrastrar. No hay que caer en la desesperación. Si no podemos con un problema, bueno, tampoco podemos volar… ¿y que por no volar nos estamos haciendo menos?
Además, si hay alguien que te está tendiendo una mano para poder salir de tus miedos y preocupaciones, bueno, sopesa que tan buena persona es y cual es la probabilidad de que te engañe. Objetividad de nuevo. Si resulta ser bueno o buena y realmente lo único que le interesa es tu felicidad, déjate ayudar y confía. No todo lo podemos hacer solos. Somos seres sociales por naturaleza, y necesitamos de los demás para poder vivir. ¿Por qué el salir de una situación como ésta va a ser la excepción?
De nuevo. NO somos dioses. En nosotros mismos no agotamos nuestra sustancia. Por lo tanto: al ser imperfectos podemos tener miedo…. Y también por ser imperfectos no todos nuestros conflictos los podemos resolver solos. Necesitamos de los demás… y para que los demás nos hagan caso y nos valoren debemos confiar en nosotros mismos primero… Aprendan a aceptar la mano amiga que se nos acerca queriendo ayudar. Se cuidan todos.
viernes, 9 de marzo de 2007
Disculpa
Les pido una disculpa, pues aunque no tengo tantos lectores, los pocos que sí visitan mi blog son una exquisita selección de personas, las mejores que he conocido a lo largo de mi vida. A ustedes les ofrezco (es cierto georptch, se ofrecen, no las pides) una disculpa.
Ni se molesten en comentar esta entrada, que de maravillosa no tiene ni las comas. Tengo muchos pendientes para hoy, siendo mi único escape la visita a mi maravillosísima dama (he de luchar contra el drágon del tráfico para poder llegar a donde se encuentra). Les mando a todos un afectuoso abrazo y espero estarles ofreciendo algo de material en las siguientes horas.
sábado, 3 de febrero de 2007
At last...
He descubierto lo que tanto me faltaba. He encontrado a aquella persona que llegó para llenar todos mis vacíos. Sí, mis estimadísimos lectores, es la mujer que pienso amar por toda mi vida.
No tengo más que escribir, pero necesitaba expresarles mi tan grande alegría. Os mando saludos a todos, y espero que Dios os bendiga.
"Yo no creo en ningún Destino, excepto en el nuestro..."
domingo, 21 de enero de 2007
Un Consejo...
Un consejero ayuda; al ayudar trata de resolver; al resolver da consuelo, el consuelo da ánimos, y los ánimos dan paz...
Soy un consejero, y me gusta serlo, pero... ¿porqué dando yo tanto consejo, cuando pido uno, casi nunca lo recibo? Y no es que sea limosnero con garrote, pero a veces es bonito recibir un consejo. Tampoco estoy pidiendo que por cada consejo que doy me tengan que dar uno (no me gusta ser un consejero soberbio)... aún así: ¡qué bonito es recibir un buen consejo de vez en cuando!
No se desanimen: nunca esperen recibir más de lo que dan, porque así se desvirtúa la labor que hacen al dar. Además, se van a llevar la desilusión de su vida... he ahí la maravilla de dar desinteresadamente: al no esperar nada a cambio, sabiendo que tienes que dar, cada vez das más gustoso.
Pero somos humanos, y como tales también tenemos defectos y necesidades... no somos indestructibles ni todopoderosos. Por eso digo que un buen consejo de vez en cuando no cae nada mal a nuestros imperfectos temperamentos.
Mmmmm. Bueno, soy un consejero, así soy y lo acepto. Y como es mi costumbre de consejero... les daré consejo: si ustedes son consejeros, prepárense, porque muy difícil va a ser que en sus vidas reciban un buen consejo. He ahí mi consejo. (Den sin esperar recibir nada a cambio, sólo así será feliz la entrega... y serán felices ustedes).
sábado, 20 de enero de 2007
Maldito chupe...

No hace mucho un amigo me dijo: "¿porqué cada vez que te veo me dices que estás triste?" La verdad, la mayoría de las veces no estoy tan triste como suelo decirle a este amigo, jaja. Pero si, soy un artista, mi temperamento es de artista, mi sensibilidad es de artista... entonces las cosas suelen afectarme más que a los demás. Pero, ¿porqué hoy estoy triste? Hace mucho que no me sentía así. Estoy en un estado de, como dicen las muchachas: "no hallarme." Amo mi carrera, sí. Amo a mi familia, sí. Amo a mis amigos, aprecio y atesoro su compañía, sí. Mas, lo digo de nuevo, hoy estoy triste. Podría decirse que tengo todo: solvencia económica, amigos, familia, cariño, gente que me quiere, que me admira, que yo admiro, soy inteligente, soy guapo (sí, y que, jeje), tengo clase, tengo cuna, tengo mundo, he viajado, tengo ropa, tengo coche, tengo que comer, tengo que beber (y no precisamente agua, jeje), tengo buenas calificaciones... en fin, tengo todo, ¿no?
¿De qué podría quejarme? Mucha gente tiene muchísimo menos que yo, la mayoría de la gente no es tan afortunada ni se encuentra en mi situación... entonces, ¿porqué estoy triste? Como le decía a un amigo hace rato: "Mañana que me hables ya voy a estar mil veces mejor, vas a ver." Siempre me pasa lo mismo...
Y sobretodo en las fiestas. ¿Qué acaso no se supone que las fiestas son para estar feliz, para divertirte? Por supuesto que yo me divierto (y muchas veces como no tienen idea), pero no se que pasa que siempre hay algo que me deprime. No se si es la música, no se si es el plan, no se si es el chupe. Pero muchas veces las fiestas me producen ese estado, sobretodo cuando regreso de ellas. No me gusta estar así, porque si me conocieran (los que no me conocen) sabrían que puedo ser la persona más feliz y con más humor que hay.
Lo peor lo peor lo peor (sí tres veces, no es que me haya equivocado) es que en el fondo si se lo que me pasa. Y es una razón que puede ser muy estúpida, sobretodo porque se la llevo diciendo a mis amigos por ya casi dos años. Tengo amor por parte de mi familia, de mis amigos y amigas y de mucha gente que a penas conozco. Pero me falta alguien que me quiera, alguien diferente a los que integran esos grupos... supongo que ya sabrán a que me refiero. Soy una persona que en verdad tiene mucha capacidad de amar, y siento que no hay nadie en quien pueda desahogar toda esa fuente que me abarrota. Extraño tener novia...
Hoy en la fiesta de mi prima me reencontré con una amiga de ella que a mi me fascinaba (aunque tiene como 8 años más que yo). La vi con su novio en una "escena" tan bonita... Ambos estaban de perfil, viéndose el uno al otro, sus caras a una distancia muy cercana... distancia que implicaba complicidad, miradas que gritaban amor, separación digna, cabezas en alto, labios en una línea sólamente rota por el espacio. En fín, amor, amor, amor. Y eso es lo que yo extraño. Esa complicidad, esa distancia que parece decir: "me alejo de tí para que me beses... persígueme hasta el fin del mundo, aunque sea sólo para cruzar nuestra mirada; te provoco, porque te amo, y quiero que me beses, y esto de hacerme el interesante es solo para que me ames más y te atrevas a juntar tu piel con mi piel, a rozar tu mano con mi mano, a unir tu boca con la mía."
¿Cursi? Sí, lo se. Pero así soy yo. Soy un romantico de la vieja escuela. Soy de los que todavía creen que el éxito de un noviazgo radica en no conocer el TODO de tu pareja; que el triunfo entre los novios es la inocencia de un beso robado, es la emoción que provoca el arreglo de tu pareja, es la ilusión de verte cada vez como si siempre fuera la primera. Soy de los pocos que creen que lo principal de tener una pareja no es tener sexo con ella... no quiero que mis relaciones se reduzcan a sexo sexo sexo. ¡No! Quiero a alguien que vea y diga ¡WOW! de aquí a que me muera; a alguien que me entienda, a alguien que entienda, alguien que siempre esté ahí para compartir penas, y también (obviamente!) alegrías. Lo que yo veo en una mujer no es el sexo que me pueda proporcionar, porque la verdad no me gustaría que a mí me redujeran sólo a eso. Yo lo que quiero es reír, comprender, llorar... y quiero que rían conmigo, me comprendan y siempre encuentren en mi un hombro.
En fin, me dispongo a dormir. Es tarde, y mañana tengo mucho que hacer. Y como dije antes, mañana me levantaré y no sentiré esta tristeza latente. Pensaré: "que tonto que me sentí así, no se siquiera por que lo hice." Pero ya vendrán otras fiestas, vendrán otras canciones, regresaré a este estado de ánimo, y me diré: "ya para que te quejas, si sabes que mañana vas a estar otra vez normal." Pero ya vendrán otras fiestas, vendrán otras canciones, regresaré a este estado de ánimo, y me diré: "ya para que te quejas, si sabes que mañana vas a estar otra vez normal." Pero ya vendrán otras fiestas, vendrán otras canciones... y hasta que no llegue ella, no estaré normal.
martes, 16 de enero de 2007
La indiferencia y la incertidumbre
La indiferencia mata amores y reaviva enemistades. La indiferencia enfría relaciones. Pero no es una frialdad como tal, porque la frialdad es otro proceder diferente, al igual que el cariño.
Así lo veo yo. Una persona que te trata con frialdad... hay de dos: o le hiciste algo que la ofendiera o está loca y cree que le hiciste algo cuando en realidad no es así. Pero bueno, sabes que hay una razón, y como que medio puedes componer ahí la cosa . Ahora bien, una persona te trata con cariño, con calor humano: ¡qué maravilla! Es de las mejores cosas que te pueden pasar. Has hecho algo bueno, o tu también quieres a esa persona y te es correspondido tu cariño. Ahí también hay una razón, y la gran mayoría de las veces la sabes, la dominas.
Pero en eso entra la indiferencia. ¿Qué fregados pasa con la indiferencia? No se sabe, nunca se sabe. Eso es lo terrible de la indiferencia. No es cariño, pero tampoco es frialdad. ¿La razón? Aquí sí, tanto la puedes saber como no, pero lo que sí... es que nunca es segura. Es más difícil de vencer que a la frialdad. No sabes en que terreno pisas, eso es lo más terrible de todo, no sabes como arreglar las cosas... si tratas de ayudar, puedes ofender; si no haces caso, también ofendes; ¿acaso sabes siquiera lo que le molesta o le pasa a la persona? NOOO, no sabes lo que le pasa a la persona. ¡Es lo terrible! Sobretodo para los que tenemos una naturaleza conciliatoria. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? You never know...
Y aquí entra la hermana de la indiferencia: la incertidumbre. Mi segundo sentimiento más odiado.
La indiferencia, al no saber en que terreno pisas, provoca incertidumbre... la incertidumbre, a su vez, te provoca angustia. Y creo yo, firmemente, que la angustia es lo peor que le puede pasar a cualquier persona, es lo que más detesta, es lo que desea a toda costa evitar o dejar de padecer. Por eso el hombre a veces puede ser tan egoísta, para tener las situaciones controladas. Para tener su vida sin bemoles. Pero eso es inevitable, y al ser egoísta dañas a las personas que te rodean, y puedes (igual sí, igual no) provocar más indiferencia a tu alrededor. Entonces es un círculo vicioso...
La indiferencia puede ser un arma poderosa. Pero así como sus razones pueden ser desconocidas (cuando te enfrentas a ella), sus consecuencias también. Y en vez de centrar a una persona, o de "picarla," puedes alejarla de tí. Por eso hay que tener cuidado con la indiferencia. Sólo debe de ser usada cuando haya una razón completamente fundada y motivada.
sábado, 13 de enero de 2007
Carmen y el amor
Carmen... ¿qué es Carmen? ¿quién es Carmen? Para mí Carmen es un nombre rodeado de misterio, rodeado de pasión, de seducción, de un aura mágica y atrayente. Carmen, Carmen, Carmen. No puedo describir lo que me provoca pronunciar su nombre. Carmen es una mujer curvilinea, es una mujer llena de encantos, de sentimientos. Tiene un encanto de lo más especial, más que el de la mayoría de las mujeres. Carmen es un clavel rojo en la solapa. Pero... ¿Qué es Carmen? ¿Quién es Carmen? Carmen es una mujer que sabe amar, que quiere amar... como cualquier ser humano. Es un ser que sufre, es un ser que siente, piensa y se desboca... es así como me imagino a Carmen. Carmen es un poema. Carmen es poesía.
Todo esto me vino a la mente al escuchar la Habanera, de Bizet, perteneciente a su obra maestra... Carmen. Carmen y Carmen (ópera y personaje) tienen una especie de magnetismo mágico, que es demasiado atrayente... Carmen es un imán gitano. No hay quien se resista a Carmen.
Carmen quiso amar, Carmen amó... y murió por hacerlo. Un precio razonable, ¿no creen? El amor alcanzado es el bien más grande que una persona puede adquirir, pero también puede ser la loza que cubra nuestra última morada. ¿Qué no daría uno por el amor? Recuerdo una canción de Mecano, que dice: "...porque amar es el empiece, de la palabra amargura..." Amar, amargura. Sí, efectivamente: el amor duele. Pero es el dolor más bello que el ser humano puede sentir. El amor ha sido la mayor fuente de inspiración para el hombre: el amor es la verdadera madre de las artes, que a la vez es la mayor expresión que pueda tener el hombre. Cuando es tan grande el amor, uno no puede simplemente retenerlo en el pecho, sino que tiene que expresarlo... y la mejor forma de hacerlo es el arte.
Pero también pensemos en la contraparte: el amor no sólo es disfrute. El amor también es padre de varios hijos ilegítimos: guerras, asesinatos, celos. El amor es una persona, con defectos y virtudes en su vida. Cuando uno ama, uno vive y muere a la vez. Si, amar es el empiece de la palabra amargura, pero también amar es amar, y no tiene otra definición.
Yo deseo amar. Lo deseo enormemente. He amado, y esa es la razón por la que sigo con vida. Por haber amado no soy presa de la desesperación. Y deseo amar otra vez. Una vez que se ama, uno nunca llega a olvidar lo que es el amor, y por eso todo el tiempo lo estamos buscando. Porque su sufrimiento nos comprueba que estamos vivos, y porque su belleza nos abruma y nos hace sentir un Cielo en la Tierra.
Estoy triste: no ha llegado el amor de mi vida. Estoy feliz: se que ahí, en algún rincón de este planeta está esperando, tímida, a que la encuentre. Y ese amor piensa lo mismo de mi: "no se quien seas," piensa duditativa, "pero se que algún día te voy a encontrar." Y si así es: ¿entonces tenemos que estarlo buscando? Si ya está ahí, ¿en verdad tenemos que desvivirnos intentando una y otra y otra vez? ¿Vale la pena angustiarse antes de tiempo? Nuestro amor allí está, sólo que todavía no es el momento para reunirnos con él. Ese amor se encarnará en la persona que menos lo esperemos.
Pero bueno, ¿que tiene que ver todo esto con Carmen? Carmen me hace pensar en amor, y en todo lo que esto conlleva: dolor y disfrute, pasión y desenfreno. Al escuchar Habanera y encontrar su traducción (debo decirles que no se francés) lo primero que se me vino a la mente fue: ¿qué es el amor? ¿Acaso se puede definir? ¿Algún día lo volveré a encontrar? Pues bien, Habanera es una reflexión sobre todo esto. Y aunque a mi me ayudó a calmar mis ansias y a sacar mis propias conclusiones, me gustaría que también ustedes sacaran las suyas. Por eso, les pondré la traducción de la Habanera:
El amor es cual pájaro rebelde al que nadie es capaz de domar
Nuestros ruegos a nada van a parar, si lo que a él se le antoja es rehusar.
Amenazas y súplicas nada valdrán.
Aquel hombre persuade; éste otro se calla.
Y es a éste, al que nada dice, al que quiero y mi corazón prefiere: el amor, el amor...
El amor es como un niño gitano que jamás supo de nada que sea la ley
¿Que tú no me amas? ¡Yo sí te amo! Y si yo te amo... ¡Mejor será que del amor te guardes!
El pájaro que prender hubiste creído batió sus alas y se alejó de ti...
Aunque distante quede tu amor, puedes esperar su regreso
¡Cuando menos lo esperas, a tu lado estará!
Y en torno tuyo, raudo y veloz, volará
Ahora bien, y ahora se va... para retornar
Te figuras tenerlo, pero te esquiva;
crees zafarte y él es tu dueño.
Esta traducción es un poco limitada, pero lo que más o menos quiere decir es: si buscas al amor no lo encuentras... si mejor estás tranquilo, sabiendo que llegará, algun día lo hará. Al amor nadie lo puede controlar, así como tampoco retener. El amor es un pajaro libre, que vuela de aquí para allá: si lo tratas de atrapar, se aleja; pero si lo contemplas nada más, se posa sobre tu brazo.
¿Ven? Por eso no hay que sufrir tanto por el amor. El amor está en todos lados, y cuando menos nos lo esperemos, nos llegará.
